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Pero si de consuelos se trata, Colombia no es el único país de Latinoamérica que se encuentra en esta situación. Con excepción de México y Argentina, el resto de países, donde se encuentran incluidos Brasil y Chile, exportan productos con bajo valor agregado. Y ese no es el único problema. La balanza comercial de la Región Andina con China es deficitaria. Salvo Perú, que tiene una participación del 73% de las exportaciones de la Región al ‘gigante asiático’, Colombia (con 15%), Ecuador (con 7%), Venezuela (con 4,3%) y Bolivia (con 1,2%), tienen índices muy bajos que los dejan en desventaja comercial. Y es que mientras ‘los andinos’ le vendieron 2.662 millones de dólares el año pasado a China, este país introdujo 6.842 millones de dólares, siendo los más deficitarios, Colombia y Venezuela: los dos mayores mercados de China en la región. Eduardo Muñoz Gómez, Viceministro de Comercio, explica que la situación es preocupante no sólo porque las exportaciones de la región son de poco valor agregado y la balanza es deficitaria, sino porque: “la actividad está concentrada en muy pocos productos”. Así, el funcionario expone que los cinco países enfocan del 70 al 90% de sus exportaciones en cinco productos. “Recomiendo mantener un contacto permanente con el gobierno de ese país, no puede ser una moda, las entidades deben organizar más visitas comerciales y la reunión de mandatarios debe ser constante”, aconseja el Viceministro. Pero no todos ven con malos ojos el comercio de productos de bajo valor agregado. El presidente de Analdex, Javier Díaz Molina, recuerda que la demanda de materias primas por parte China es persistente. Sin embargo, recalca la importancia de ingresar con más fuerza al país que hoy se alinea como el principal exportador mundial, por encima de Alemania, con montos en este rubro que alcanzan los 100 mil millones de dólares mensuales. “Aunque nuestra dinámica de comercio exterior con ese país se ha acelerado, nuestras bases son insignificantes. Resulta fundamental definir una estrategia de inserción a la región asiática”, asegura Díaz.
Para ello, el presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior recomienda lograr una mayor interacción con los países que ya han avanzado en su intercambio con Asia, como Chile, Perú o México. “Tenemos que aprender de países como Chile, donde la distribución en materia de exportaciones es envidiable. Un 30% a Estados Unidos, otro 30% a Europa y un porcentaje igual a Asia. Existe una distribución del riesgo que Colombia no tiene”, expone Díaz y recuerda que el 40% de productos colombianos se vende a Estados Unidos, el 13% a Europa, 11% a Venezuela y 5% a Ecuador. China, hambrienta de proveedores
Ya en los últimos ocho años, las oportunidades de comercio en China han aumentado diez veces. En ese periodo, el mapa de participación de los diferentes productores se ha modificado, aumentando la cuota de los países emergentes latinoamericanos y asiáticos, en detrimento del aporte de Estados Unidos y Europa.
Cuando el gobierno chino empezó a aplicar sus reformas en la década de los 70, esta nación se destacó como exportadora de manufacturas de bajo costo. Pero sostener tasas de crecimiento tan elevadas a partir de estos productos y superar los problemas que el superávit genera, les ha exigido replantear su modo de producción. Así, el gobierno empezó a desincentivar algunos sectores para que se redirijan hacia productos con mayor contenido tecnológico. Malo para los productores del país asiático que deberán acomodarse, bueno para los productores latinoamericanos que podrán competir con modelos organizacionales innovadores. La industria manufacturera china de ensamblaje, por ejemplo, ha sido exitosa gracias a su tipo de integración en el que las empresas auxiliares y las productoras tienen un alto grado de interacción. Pero en este momento el gobierno la está desincentivando, así que la estrategia será ofrecer precios similares y ocupar los mercados que China irá abandonando. El secreto es adoptar la fórmula asiática, pues países como Bangladesh, India y Vietnam también tienen modelos de fabricación competitivos. Se trata de una estructura vertical y sacrificar, en algunos casos, el ímpetu protagónico de las empresas para componer cadenas donde la eficiencia productiva sea mayor. Así mismo, adquirir las certificaciones de calidad que exigen los países desarrollados para marcar la diferencia con las compañías chinas que, en su afán de producir, dejan de lado la calidad. ¿tiembla el gigante? La inflación es el segundo riesgo. El fenómeno estaría impulsado por el aumento en los costos laborales que, a pesar de haber descendido durante años, empezarán una curva de ascenso provocada por la implementación de la nueva ley laboral que fomenta los contratos fijos y el pago de indemnizaciones. Un tercer riesgo se encuentra ligado al petróleo. Durante 2006, China importó el equivalente al 10% de su PIB. Un incremento de diez dólares por barril tendría un efecto semejante al 1,3% de su PIB. Como lo afirma Yalan Lui: “se trata de un incremento que no es mayor pero es muy significativo. Somos un empleador ineficiente de energía, en general, de los recursos energéticos que tenemos”. |
